el futuro del método científico

Después de haber introducido el contexto científico y social en el que el hombre desarrollado el método científico, es ineludible aventurar unas conclusiones finales para poner en situación cuál ha sido el desarrollo sociológico que el hombre ha alcanzado a través de la ciencia y cuáles son sus perspectivas de futuro.

El camino del científico es ciertamente un camino complicado, en tanto que nos enfrentamos a una objetivación de la naturaleza humana, que es siempre subjetiva y, en ocasiones, irracional y caprichosa. Que mejor ejemplo de ello la inexistencia del Premio Nobel de matemáticas por las rencillas de su fundador con uno de los más brillantes matemáticos de la época, al que quiso castigar personalmente con la exclusión de su parte de fama y fortuna.

El prisma desde el que miramos nuestro entorno es poco menos que un caleidoscopio que nos desfigura las formas y los colores de la realidad, una especie de cristal que no nos permite una aproximación veraz a nuestro objeto de estudio. El hombre y su organización social han impedido durante cientos de años determinados avances científicos mediante sus rígidos códigos morales, mientras que, en ocasiones, han querido avanzar demasiado veloz en sociedades que aún no estaban preparadas para el cambio.

El imperio Romano sucumbió, entre otras cosas, por un estancamiento de la técnica que acabó por dinamitar el dinamismo natural de una sociedad que se acostumbró al servicio de los esclavos, y que como consecuencia, acabó por no saber hacer frente al desafío cuando otras culturas le cuestionaron en el plano bélico.

La Edad Media, por su parte, fue un milenio de retroceso en el que los señores feudales y los caudillos retrajeron a la población a un oscurantismo neandertal, impidiendo así todo ánimo de progreso y encadenando a la sociedad a los más oscuros ritos y vasallajes.

Por el contrario, la Segunda Guerra Mundial, con todo lo malo que tiene de por sí una guerra, fue un momento de auge científico en el que se llevaron a cabo los más rápidos avances tecnológicos vistos hasta entonces. Los propios nazis, que aplicaron el método científico en bruto, llegaron a usar humanos como cobayas (con médicos obsesivos e incompetentes como en el caso del Doctor Mengele), fueron luego capturados y colaboraron de forma transcendental en todos los grandes inventos de las dos décadas posteriores, donde se acabó poniendo un hombre en la Luna en el año 1969.

Por último, el declive del comunismo y el fin de la Guerra Fría trajeron el ocaso último de una época de pujanza científica provocada por la amenaza de la mutua destrucción, dando paso a una nueva “ciencia capitalista”, en la que el mercado es el director del proyecto científico de la humanidad actual y sólo lo productivo y lo rentable escapa alguna vez de la mesa de diseño y consigue entrar en laboratorios y fábricas. Ejemplos como el de la NASA, cada vez con menos fondos para investigación, nos muestran que descubrir el universo puede ser la salvación y la esperanza de la raza humana, pero que la poca rentabilidad cortoplacista de este proyecto hace que el hombre de hoy no apueste por él, lo que abre una nueva crisis en el método científico en la que sólo el tiempo dirá sus repercusiones reales sobre nuestro bienestar y el estado de nuestra ciencia.